Aquí entenderás que las heridas, creencias, lealtades familiares y ataduras generacionales de las cuales no sabemos que existen, sin embargo, las vivimos día a día y están condicionando nuestras relaciones.
Todo esto se traduce en frustración que nos lleva a sentir el sufrimiento a causa de las expectativas que nos generamos frente a lo que debiesen ser mis padres o mis hijos, llevándome a experimentar aprendizajes demasiado fuertes desde el dolor y sufrimiento, ensayo – error, lucha y esfuerzo. Fracturando los lazos de la confianza y el respeto, llevándonos a experimentar un vacío a tal punto que muchas veces nos lleva a desestimar mi sentir con pensamientos de que no soy un buen padre o que no soy un buen hijo y despertar una necesidad de reconocimiento de nuestro entorno.
Es momento de dejar de sobrevivir a tus relaciones familiares y empezar a vivirlas.
Acompáñanos en este espacio de conexión: